small cell antena
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Los expertos del grupo de investigación Wireless Networks Research Group (WINE) de la UOC quieren advertir, ante la proximidad del Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información —que tendrá lugar el 17 de mayo—, que la tecnología 5G, que se implantará en los próximos años, hará inevitable la instalación de un mayor número de antenas (conocidas con el nombre de estaciones base), lo que creen que puede abrir el debate sobre sus efectos en la población.

"La evolución de la tecnología de las comunicaciones móviles da respuestas técnicas a las perspectivas de crecimiento futuro del tráfico de datos. Y una de las soluciones inevitables será la densificación de la red de acceso, con el despliegue de muchas más antenas", afirma Ferran Adelantado, investigador del WINE, grupo de investigación que promueve las tecnologías inalámbricas que mejoran la forma de comunicarse de los dispositivos.

“Pero estas antenas —aclara— no serán como las que conocemos hoy en día sino que serán small cells, mucho más pequeñas y discretas, que transmiten mucha menos potencia y que están mucho más cerca del usuario al encontrarse a una altura más baja”. “A pesar de ello, estas antenas deberán transmitir energía, y es probable que se abra de nuevo el debate de sus efectos en la salud”, asegura Adelantado. Los investigadores del WINE, sin embargo, prefieren no definirse en el debate de tipo médico porque alegan que no es su ámbito de conocimiento.

Revolución tecnológica

La tecnología 5G, la próxima generación de redes inalámbricas, será una revolución en todos los sentidos porque cambiará las redes tal como se conocen hoy en día, además de suponer un reto para la comunidad científica y la industria. Actualmente, se opera con 4G (LTE) —un sistema heredero del 2G (GSM) y el 3G (UMTS)—, con una capacidad de transmisión de datos de unos 100 megabits por segundo, que en pocos años será insuficiente.

El tráfico de datos crece a un ritmo de un 45 % anual. Según Ericsson, entre 2014 y 2020 el tráfico de datos por los teléfonos inteligentes se multiplicará por diez en el mundo. Se prevé que en 2020 habrá 26.000 millones de dispositivos conectados a internet. Ante esta demanda, los operadores deberán proveer redes con más conectividad y rendimiento. Así, la quinta generación de redes móviles, las 5G, con las que no está previsto que se empiece a realizar pruebas hasta 2018, multiplicarán por mil la capacidad de transmisión actual.

En este futuro próximo, la comunicación de voz será residual porque buena parte de las conexiones serán entre dispositivos, como sensores o electrodomésticos, puesto que la Internet de las cosas provocará que las comunicaciones móviles con intervención humana queden relegadas por la comunicación entre máquinas. “Es una tendencia al alza. Los coches o electrodomésticos cada vez tendrán más conectividad”, afirma Xavier Vilajosana, investigador principal del WINE.

Una nueva regulación

Desde el WINE también se pide que los países realicen mejoras en la regulación. “A pesar de que las agencias nacionales que regulan el espectro radioeléctrico se rigen por los tratados internacionales, tienen la potestad de definir aspectos como la potencia máxima transmitida. Por lo tanto, es importante que las regulaciones nacionales sean homogéneas y los países sean conscientes de que hace falta una revisión de ciertas regulaciones, porque algunas son de los años noventa, época en que la tecnología era muy distinta y no existía el uso masivo actual”, apunta Vilajosana.