José Carlos García, Ingeniero de Soluciones de Extreme Networks.
José Carlos García, Ingeniero de Soluciones de Extreme Networks.

Como respuesta a los cambios legales, demandas de los consumidores y otros factores, el sector sanitario está apostando claramente por la transformación digital, y muchas organizaciones sanitarias se están planteando realizar inversiones en infraestructura para poder soportar las nuevas tecnologías.

Sin embargo, muchas de estas organizaciones se enfrentan a importantes retos a la hora de mantener y actualizar su infraestructura de TI, debido a que tradicionalmente han adoptado una estrategia “legacy” a la hora de gestionar o renovar sus infraestructuras de su red.  A menudo tratan de hacer frente a los problemas y necesidades de hoy utilizando el mismo planteamiento de arquitectura que usaban hace 20 años. Con los cambios en el ciclo de negocio y lo que tanto proveedores como pacientes esperan, el hacer las cosas de la misma manera que antes añade capas de complejidad a la red que entorpecen la innovación. Este planteamiento está haciendo que muchas organizaciones se estén quedando atrás en su viaje hacia la transformación digital.

Dado que la red del hospital es crítica para la adopción de nuevas tecnologías que den mejor soporte a los procesos clínicos y de negocio, desde telefonía a aplicaciones completas de cadena de suministro, un creciente número de organizaciones sanitarias están realizando inversiones estratégicas en tecnologías de red para dar soporte a estas iniciativas. Sin embargo, muchas organizaciones sanitarias carecen de la capacidad de valorar con precisión lo que sus antiguas infraestructuras de red pueden hacer y lo que no.

Muchas organizaciones sanitarias carecen de la capacidad de valorar con precisión lo que sus antiguas infraestructuras de red pueden hacer y lo que no

Un ejemplo claro de esto es la implantación de sistemas de Historia Médica Electrónica (EMR). Muchos servicios sanitarios han realizado fuertes inversiones en la digitalización de registros médicos, pero no son capaces de sacar todo el partido al sistema debido a problemas en la red. Al analizar dónde está el problema, los responsables de TI se dan cuenta de que los sistemas EMR modernos requieren interactuar con escáneres móviles u otros sistemas inalámbricos. Sin embargo, al implementarlos, a nadie se le pasó por la cabeza mirar si había cobertura Wi-Fi de calidad en todo el recinto del hospital, y si era capaz de soportar el tráfico de nuevos dispositivos.

INFRAM: un modelo de evaluación para infraestructura de red

En este contexto, el servicio público de salud británico, de ámbito nacional (HIMSS) decidió desarrollar un modelo de análisis que permitiera evaluar el estado de la red de los centros y servicios que dependen de él, para conocer en qué medida esta infraestructura es capaz de dar soporte a nuevas aplicaciones y servicios. Este modelo ha sido adoptado por proveedores de tecnología e integradores y lo ofrecen dentro de su cartera de servicios de consultoría o preventa.

El modelo INFRAM es una excelente herramienta de evaluación que ayuda a los responsables de los servicios sanitarios a analizar las capacidades de su infraestructura utilizando pruebas y estándares de mercado. Se trata de un protocolo de análisis en siete etapas diseñado para identificar y definir las capacidades de cada parte de la infraestructura de red, y obtener la información necesaria para desarrollar un proyecto de ampliación o renovación, orientado a preparar la red para soportar las necesidades clínicas y de negocio, tanto en el presente como en el futuro. Una vez que se ha completado todo el proceso de pruebas definido en INFRAM, las organizaciones sanitarias pueden adoptar una estrategia mucho más proactiva, tanto para entender cuáles son sus necesidades como para priorizar proyectos de TI futuros.

Se trata de un protocolo de análisis en siete etapas diseñado para identificar y definir las capacidades de cada parte de la infraestructura de red

El modelo analiza la red a partir de las capas de infraestructura y va subiendo hasta las capas de servicios avanzados de red. Por ejemplo, en la primera etapa se evalúa si la red dispone de segmentación virtual estática o de automatización en la configuración de políticas a nivel de puerto. En la etapa dos, se analiza además la presencia de capacidades redundantes o si se dispone de un diseño y planificación de políticas que abarque toda la red. En las siguientes etapas del proceso se analizan parámetros tales como el rendimiento de la WLAN, si se asegura QoS para vídeo y gestión multicast, si hay servicios de mensajería basada en la localización, si la red es capaz de dar soporte a IoT, etc. En la última etapa se analizan parámetros como el soporte a servicios avanzados para el paciente, la automatización en el control de acceso o de herramientas para garantizar el cumplimiento. Todas estas etapas son acumulativas, es decir, cada etapa incluye el análisis de los parámetros de la etapa anterior.

En nuestra experiencia, las capacidades de la infraestructura de diferentes organizaciones sanitarias varían considerablemente. Por ejemplo, muchos hospitales, en particular los de tamaño pequeño o mediano, suelen tener infraestructuras de red cableada muy antiguas, que llevan funcionando años. Estas instalaciones suelen tener muchos problemas de conectividad, sin fiabilidad, resiliencia y redundancia. En estos casos es muy probable que surjan incidencias debido al modo en que se han ido incorporando dispositivos de red a medida que se ha necesitado. La conectividad inalámbrica suele ser también irregular, especialmente al desplazarse el usuario entre edificios o a través de túneles de intercomunicación de edificios. Todo se está convirtiendo en wireless muy rápidamente, por lo que se necesita disponer de cobertura Wi-Fi suficiente para soportar todas las aplicaciones, sin que se caiga la red.

Se necesita disponer de cobertura Wi-Fi suficiente para soportar todas las aplicaciones, sin que se caiga la red

Muchas organizaciones no saben con certeza si su red está preparada para soportar determinadas aplicaciones, y esto es crítico para el éxito de un despliegue. Sin este conocimiento de base, las limitaciones aparecerán al intentar implementar proyectos basados en nuevas tecnologías, habrá fallos y se habrá gastado mucho dinero para nada. Es importante ser capaz de realizar esta valoración antes de comenzar un gran proyecto de TI, y ver si la infraestructura es capaz de soportarlo.

En definitiva, utilizar un modelo de evaluación como INFRAM permite conocer qué mejoras o ampliaciones de la red se necesitan para un determinado proyecto. Así, los responsables de TI se pueden plantear cuestiones como ¿está esta renovación necesaria dentro del presupuesto? ¿Tenemos los recursos de personal necesarios para implementarla? o ¿necesitamos posponer el proyecto 6 o 12 meses porque necesito más ancho de banda y tengo que instalar más cable? Al final, lo que INFRAM hace es ayudar a las organizaciones a validar el éxito de sus iniciativas de transformación digital,  a justificar la inversión en áreas donde realmente se necesita y comprobar si la red es capaz de dar soporte al objetivo último, que es proporcionar la más alta calidad en atención al paciente.