Christopher Charles Gent, de 52 años se crió en Dulwich, un barrio residencial del sur de Londres y estudio en un colegio privado, Archibishop Tennison, con vistas al famoso estadio de cricket de The Oval, lo que puede explicar en buena medida su desmedida pasión por este deporte.
Su sueldo supera con creces los cinco millones de libras al año. Esto le permite cultivar otra de sus grandes pasiones conducir Aston Martins.
Su dedicación al cricket es comparable a su dedicación al trabajo y, a veces, una y otra se compaginan. De hecho, Vodafone es el patrocinador de la selección inglesa y se comenta que durante la compra de AirTouch, Gent condujo las complejas negociaciones desde los estadios de cricket, con una taza de té y loción bronceadora.
En realidad podríamos decir que Gent es una magnífica combinación de carácter e imagen. Quienes le han tratado de cerca afirman que es un hombre de acero, lo que disimula muy bien con su carácter agradable, algo que ha resultado fundamental para mantener de su parte siempre a los inversores.
Algunos de los que le conocen de cerca comentan que entre sus cualidades destaca el frío pragmatismo. Prueba de ello es que cuando se produjo la dura batalla para hacerse con el control de Mannesmann, la única queja que salió de sus labios fue que el presidente de la operadora alemana, Klaus Esser, se había tomado la oferta hostil como algo personal y no en términos puramente económicos.
Empezó en el mundo de la política con el partido conservador. Llegó a presidir las Juventudes Conservadoras en los tiempos de Margaret Thatcher, y ganó muchos puntos para convertirse en el delfín de la Primera Ministra. Sin embargo, las desviaciones ultraliberales de la Dama de Hierro le impulsaron a decidirse por los negocios.
Su experiencia empresarial comenzó en NatWest, en 1967. Posteriormente se incorporó a Schroder Computer Services y después a ICL. Finalmente ingresó en Racal Electronics, una empresa fundada por Vodafone en 1985. Racal había conseguido la licencia para construir la segunda red de telefonía celular de Gran Bretaña.
Tres años más tarde, un 20 por ciento de las acciones de Vodafone salieron a bolsa, y en 1991 la compañía conseguía su plena independencia. Cinco años después Gent fue nombrado director general y, desde entonces, ha presidido el vertiginoso crecimiento de su empresa que, en febrero de 2000 ya se había erigido como la mayor del Reino Unido.
En poco más de cuatro años ha convertido a su empresa en la mayor compañía de telefonía móvil del mundo y la cuarta en facturación tras Cisco, Microsoft y General Electric. Mientras sus rivales han sido incapaces de frenar su expansión Gent ha basado gran parte de su éxito en la adquisición de compañías competidoras, la mayoría de ellas europeas.
Lo primero que hizo Gent cuando ocupó el sillón de la dirección de Vodafone fue rodearse de un poderoso equipo de directivos. A continuación, se lanzó a una serie de compras sin freno, con el objetivo de que la marca de su empresa estuviese presente en todo el mundo. Decidió adquirir otras compañías porque comprendió enseguida que el mercado británico era excesivamente limitado, lo que le lanzó a la carrera internacional.
A pesar de ser considerado como el dueño de la telefonía móvil en todo el mundo, ya que su empresa es la más importante del sector, Gent no puede mostrar como resultado de su liderazgo logros tecnológicos comparables a Jorma Ollila de Nokia o Keiji Tachikawa de NTT DoCoMo.
Asimismo, su carácter práctico y sereno se dejó ver tras la compra de Mannesmann. Esta adquisición hubiera hecho bailar de alegría a cualquier otro, por tratarse del primer empresario angloamericano que adquiría una firma alemana de tal magnitud. Según Gent, los éxitos y los fracasos son tonterías. Lo importante es no dejarte afectar ni por uno ni por otro. Por eso nunca me he sentido triunfalista tras los logros de Vodafone. Es satisfacción y la necesidad de decir, bien, ahora, pongámonos manos a la obra.
Chris Gent añade a sus cualidades la pulcritud en el gasto y la ausencia de egocentrismo. Al menos esa es la impresión que ofrece. Precisamente, con respecto al egocentrismo Gent puede llegar a mostrarse en ocasiones incluso intransigente. Esto es lo que ocurrió durante la compra de Mannesmann, cuando le dijo a Klaus Esser, el director de la firma alemana, que los egos son peligrosos, se interponen en el cuidado y la atención al cliente y al accionista.
Quienes le conocen bien dicen que le gusta ir siempre al grano, que es imperturbable aunque demuestra un enorme sentido del humor. Se podría afirmar que tiene la personalidad típica del empresario medio británico. Precisamente este sentido del humor y la flema británica se pudo comprobar durante la rueda de prensa que ofreció tras la adquisición de Mannesmann. La comparecencia se celebró ante un nutrido grupo de periodistas, cuyos teléfonos móviles sonaban constantemente. Pero uno de estos teléfonos sonaba con más insistencia que los demás hasta el punto que Gent tuvo que advertir será mejor que se responda a esa llamada porque de lo contrario será una llamada perdida, lo que significa más dinero para nosotros.
Durante sus negociaciones con Mannesmann la transparencia informativa fue su principal baza. En la primera visita al Dr. Esser, el presidente de Mannesmann, cuando le hicimos la propuesta sus palabras fueron Sus accionistas no pueden permitirse pagar lo que vale mi compañía. Yo le respondí No es su compañía. Es la compañía de los accionistas.
Ese mismo día había en el aeropuerto un periodista al que el equipo de Gent no esperaba y no quería atender, porque se pretendía que la reunión hubiese sido totalmente privada. Gent pasó de largo lo más deprisa que pudo. Al día siguiente se arrepintió de no haber atendido al periodista porque apareció una foto suya en actitud de escaparse con el siguiente titular Ha llegado el enemigo. En ese momento se dio cuenta de que lo mejor habría sido pararse a hablar y posar para la foto. Es lo que ha hecho desde entonces cada vez que se ha presentado una situación parecida.
A pesar de cambiar de actitud con respecto a la prensa no pudo evitar ser el hombre más odiado de Alemania durante varios meses. Los alemanes veían en Gent el inglés que les iba a quitar una de sus más preciadas empresas.
Estamos abriendo un nuevo capítulo en el desarrollo de Internet, e invitamos a los accionistas de Mannesmann a unirse a nosotros para añadir una cuarta W a la World Wide Web. A partir de ahora será la World Wide Wireless Web (Red Mundial sin hilos), comentó Gent durante el proceso de fusión-absorción de Mannesmann.
Chris Gent no se ha conformado con adquirir Mannesmann. Su apuesta por la telefonía móvil le ha lleva o otros países como Japón y España. Una de sus últimas adquisiciones han sido Airtel y Japan Telecom. Se las quitó de las manos a BT que, con grandes problemas económicos, encontró en la venta de su participación en ambas compañías un momentáneo salvavidas. Las deudas del ex monopolio británico ascendían a ocho billones de pesetas, principalmente a causa de su política de adquisición de licencias de telefonía móvil de tercera generación. Vodafone pagó a BT 1,3 billones de pesetas por ambas compañías. A pesar de que los ingresos que le han servido al exmonopolio británico para no ahogarse, el negocio no ha sido demasiado bueno para esta empresa. Vodafone sale ganando con la operación porque se garantiza la presencia en el mercado japonés, que es el primero donde se va a poner en marcha la tercera generación de telefonía móvil.
Nuestro próximo objetivo es hacerle la vida más difícil a NTT DoCoMo y convertirnos en el segundo operador de móviles en Japón, declaró Chris Gent tras hacerse con el 20 por ciento de Japan Telecom y otro porcentaje igual de su filial de móviles J-Phone.
Ahora que Vodafone ha cumplido sus planes de consolidar una red paneuropea y aumentar su presencia en Japón, se especula con la posibilidad de que dé el salto a América, donde su presencia se limita de forma casi exclusiva a Estados Unidos y México. Aunque eso, de momento, está por ver.

