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Los ciberataques en 2026: la confianza, nuevo punto débil de empresas y usuarios



Dirección copiada

Los ataques más dañinos del próximo año no serán los más técnicos, sino los más creíbles. La combinación de suplantación de identidad, engaño con inteligencia artificial y abuso de relaciones de confianza sitúa a las personas y a los procesos en el centro del riesgo

Publicado el 26 ene 2026



Ciberataques 2026: la identidad como principal objetivo

En 2026, el impacto de los ciberataques estará menos ligado a fallos técnicos complejos y más a errores humanos inducidos por engaños creíbles. El patrón se repite: identidades falsas, mensajes verosímiles y accesos concedidos por confianza. Para Hervé Lambert, Global Consumer Operation Manager de Panda Security, el atacante ha aprendido que la mejor puerta de entrada es la identidad y no la infraestructura.

Este cambio reduce las barreras de entrada al delito digital. Ya no se trata de explotar vulnerabilidades avanzadas, sino de combinar suplantación, manipulación y accesos mal protegidos. El resultado son ataques más fáciles de ejecutar, más difíciles de detectar y con mayor impacto operativo. La consecuencia directa es una pérdida de control sobre quién accede, desde dónde y con qué nivel de permisos.

Ransomware: crisis operativa y reputacional

El ransomware sigue encabezando el impacto en 2026, pero con un enfoque distinto. Ya no se limita a cifrar sistemas. Ahora roba datos, extorsiona y presiona con filtraciones. Esto convierte el incidente en una crisis integral, con efectos legales, regulatorios y de reputación.

El punto de entrada suele ser sencillo: credenciales válidas con MFA débil, movimiento lateral y exfiltración silenciosa. Cuando aparece el cifrado, el daño ya está hecho. La recuperación exige forense, comunicación pública y decisiones bajo presión. No basta con restaurar copias; hay que gestionar la continuidad del negocio y la confianza de clientes y socios.

Los ciberataques que no deja rastro visible

El robo de identidad digital ocupa un lugar central por su discreción. Un infostealer puede capturar contraseñas, cookies y tokens de sesión, permitiendo accesos sin volver a pedir verificación. Para los sistemas, la actividad parece legítima.

A esto se suma el auge del fraude por teléfono y correo, potenciado por IA. Voces clonadas, hilos de correo coherentes y vídeos creíbles hacen que una orden falsa parezca auténtica. Una llamada del directivo o un cambio de cuenta bancaria de un proveedor pueden activar pagos sin señales técnicas de alerta. Aquí, la defensa no es solo tecnológica: procesos antifraude, doble verificación y formación específica son determinantes.

Accesos legítimos mal controlados

Los ataques a la cadena de suministro crecen porque permiten entrar con cuentas reales de proveedores. Un acceso VPN con permisos amplios puede convertirse en vía de despliegue y movimiento lateral sin levantar sospechas. La confianza contractual no siempre se traduce en controles efectivos.

El perímetro expuesto sigue siendo crítico. Cuando se publica una vulnerabilidad en VPN o firewalls, los escaneos masivos comienzan en horas. Si no hay parches, el atacante crea cuentas persistentes y actúa semanas después. La defensa requiere gestión de activos, parches con prioridad y reducción de superficie de ataque.

En la nube, muchos incidentes nacen de permisos excesivos y secretos mal gestionados. Una clave expuesta en un repositorio puede permitir copiar bases de datos o generar recursos con coste inmediato. Estas acciones se realizan mediante APIs legítimas, lo que dificulta su detección. Políticas IAM estrictas, rotación de secretos y alertas por comportamiento son medidas clave.

Desarrollo, helpdesk y riesgo interno

El pipeline de software es un objetivo porque un fallo afecta a todos los usuarios. Dependencias falsas o paquetes maliciosos pueden filtrar tokens y abrir accesos a producción. Blindar el proceso implica firmado de artefactos, control de dependencias y aislamiento de entornos.

El helpdesk también es un punto débil. Un reset de MFA mal verificado puede anular controles fuertes. Aquí el riesgo está en el proceso: verificación de identidad, aprobaciones y alertas ante cambios de autenticación.

El riesgo interno, voluntario o no, completa el cuadro. Permisos amplios, identidades falsas en contrataciones remotas y exportaciones de datos generan impacto elevado. La mitigación pasa por separación de funciones, revisiones de acceso y detección de comportamientos anómalos.

El mapa de amenazas de 2026 apunta a un mismo núcleo: identidades, decisiones humanas y relaciones de confianza. La seguridad deja de ser solo una cuestión de sistemas y pasa a depender de procesos verificables y control de accesos reales. En este contexto, proteger la infraestructura sin proteger la identidad es insuficiente. El valor periodístico está en el giro del riesgo: los ciberataques más dañinos son los que parecen legítimos.

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