Según los datos de la GSMA, en 2025 las tecnologías y los servicios móviles generaron 6 billones de dólares en valor económico a escala mundial, lo que equivale al 6,4% del PIB global. Se prevé que esta contribución alcance los 11,3 billones de dólares en 2030. De hecho, se espera que para ese año el 57% de todas las conexiones móviles utilice 5G. Es más, entre 2025 y 2030, los operadores invertirán previsiblemente 1,2 billones de dólares en gastos de capital para ampliar y modernizar sus redes.
Sin embargo, a medida que se acelera la adopción de la quinta generación de redes móvilesen distintos mercados, la cuestión está en cómo unos modelos de negocio sostenibles pueden respaldar la inversión en nuevas tecnologías y en cómo capacidades avanzadas, como la segmentación de red, pueden generar valor para el conjunto de la economía. Es decir, cómo se puede monetizar esta tecnología. Precisamente explotar el potencial de 5G con nuevas aplicaciones y casos de uso será una de las prioridades a considerar para abordar la próxima era de la conectividad.
Pero no es la única. El Consejo de la GSMA se reunió en Nueva Delhi (India) para definir las asignaciones prioritarias de recursos de la próxima era de la conectividad y de este encuentro se adelantaron otras líneas de actuación estratégicas como el fomento de la inclusión digital, la confianza y la resiliencia. No en vano, hoy día 3.400 millones de personas aún no utilizan internet móvil. Una brecha de uso que se ha agravado con la crisis de memora y el encarecimiento considerable de los smartphones de gama básica. Así, en los países de ingresos bajos y medios, un teléfono con acceso a internet de entrada cuesta al 20% más pobre de la población el equivalente al 44% de sus ingresos mensuales promedio; en África subsahariana, la cifra asciende al 76%. Para paliar esta situación, entre las posibles medidas debatidas figuran las opciones de financiación, las reducciones fiscales selectivas y una colaboración más estrecha en toda la cadena de suministro de dispositivos, incluidos los proveedores de memoria y los fabricantes.
Junto a este enfoque, el Consejo también debatió acerca de la creciente amenaza mundial de las estafas. La industria móvil está reforzando la detección basada en redes, el intercambio de información y las herramientas para identificar y bloquear comunicaciones fraudulentas, pero “ningún sector puede hacer frente a esta amenaza por sí solo”, indican. Para contribuir a combatirla, GSMA ha convertido la prevención de estafas en una prioridad compartida del sector mediante su programa United Against Scams. La iniciativa permite que operadores de redes móviles, socios tecnológicos, organismos reguladores e instituciones financieras unan esfuerzos para combatir las estafas con soluciones prácticas. “Esto es aún más urgente, ya que la inteligencia artificial y los deepfakes generan nuevos riesgos para la confianza pública, la participación económica y los objetivos de los gobiernos”, recalcan.
Esta cooperación en la lucha contra las estafas y en el impulso de la digitalización en todo el mundo, también será una máxima para el desarrollo de 6G. Sobre este particular, durante la reunión se llegó a un consenso: resulta crucial mantener estándares globales y preservar los beneficios que la alineación internacional ha aportado al sector desde 4G. También es decisiva la armonización del espectro para lograr escala y asequibilidad. Tras la identificación de la banda superior de 6 GHz en la WRC-23, países que representan más del 80% de la población mundial respaldan ya su uso para servicios móviles. Esta banda puede permitir anchos de banda de canal de entre 200 y 400 MHz, que se prevé serán necesarios para la evolución de las comunicaciones móviles en la era de 6G.





