opinión

Del campo aislado al campo conectado


Dirección copiada

Lourdes Sánchez, directora de la División de Conectividad de DEKRA Testing and Certification

Publicado el 18 sept 2026



Lourdes Sánchez, directora de la División de Conectividad, DEKRA Testing and Certification
Lourdes Sánchez, directora de la División de Conectividad, DEKRA Testing and Certification



La digitalización ha llegado a prácticamente todos los sectores productivos, pero durante años el mundo rural ha avanzado a un ritmo distinto, condicionado por limitaciones estructurales como la falta de conectividad. Éste ha sido uno de los principales frenos para que actividades esenciales, como la ganadería extensiva, puedan beneficiarse plenamente de las ventajas del entorno digital, aunque hoy empezamos a ver un cambio de tendencia claro impulsado, sin duda, por la convergencia entre tecnologías IoT y conectividad satelital.

La incorporación de redes no terrestres está transformando la forma en que entendemos la conectividad. Su valor no reside únicamente en ampliar el alcance de las redes, sino en proporcionar una conectividad más continua, fiable y accesible en aquellos lugares donde la infraestructura terrestre presenta limitaciones. La posibilidad de que un dispositivo mantenga su conexión incluso cuando desaparece la cobertura celular convencional representa, indudablemente, un punto de inflexión real.

Un ejemplo especialmente ilustrativo es el de los sistemas de monitorización de ganado que integran conectividad híbrida. Estos dispositivos, instalados en collares, permiten conocer la ubicación de los animales en tiempo real utilizando redes terrestres cuando están disponibles y recurriendo automáticamente a redes satelitales cuando no lo están. Esta transición transparente entre tecnologías garantiza una visibilidad continua del rebaño, algo que hasta hace muy poco era, sencillamente, imposible en grandes extensiones o terrenos abruptos.

Desde una perspectiva operativa, el impacto es inmediato. El ganadero puede acceder a la información desde una aplicación móvil y optimizar sus desplazamientos, reduciendo tiempo y consumo de combustible. En explotaciones que abarcan cientos de hectáreas o en zonas de montaña, esta mejora no es menor: supone pasar de una gestión basada en la intuición y la búsqueda física a una basada en datos precisos y actualizados.

Seguridad y bienestar

Pero el valor de esta tecnología no se limita a la eficiencia. También tiene implicaciones directas en la seguridad y el bienestar animal. La monitorización continua permite detectar comportamientos anómalos, como la inmovilidad prolongada, que pueden indicar situaciones críticas. Poder anticipar un parto o intervenir a tiempo ante un problema de salud marca la diferencia entre una incidencia controlada y una pérdida significativa.

Todo esto es posible gracias a un ecosistema tecnológico que ha evolucionado con rapidez en los últimos años. Las redes no terrestres, basadas en estándares celulares, permiten ofrecer cobertura global sin necesidad de recurrir a dispositivos complejos o prohibitivamente caros. Este aspecto es clave, porque democratiza el acceso a la conectividad avanzada y abre la puerta a nuevos casos de uso en sectores en los que antes no era viable.

Ahora bien, esta evolución también plantea nuevos retos. La interoperabilidad entre redes terrestres y satelitales exige que los dispositivos cumplan con exigentes procesos de validación técnica. No basta con que funcionen en condiciones ideales; deben demostrar su fiabilidad en escenarios reales y garantizar su compatibilidad con distintos operadores. En este contexto, los laboratorios de ensayo desempeñan un papel fundamental, asegurando que las soluciones cumplen tanto los requisitos regulatorios como los estándares definidos por los ecosistemas de conectividad.

La interoperabilidad entre redes terrestres y satelitales exige que los dispositivos cumplan con exigentes procesos de validación técnica

En mi opinión, este tipo de proyectos representan mucho más que una innovación puntual, siendo una muestra de cómo la tecnología puede adaptarse a las necesidades reales de sectores tradicionales, respetando sus particularidades y aportando valor tangible. La ganadería extensiva, a menudo asociada a entornos aislados, se convierte así en un escenario clave para demostrar el potencial de la conectividad global.

Además, el alcance de estas soluciones va más allá del ámbito ganadero. La misma lógica puede aplicarse al seguimiento de mercancías en rutas marítimas o ferroviarias, a la conectividad en regiones en desarrollo o incluso a la gestión de emergencias, donde mantener las comunicaciones resulta crítico. La conectividad satelital integrada con redes celulares pasa de ser una extensión de lo existente a una capa adicional que refuerza la resiliencia del sistema.

Creo firmemente que estamos ante el inicio de una nueva etapa en la digitalización, en la que la conectividad deja de ser un recurso limitado para convertirse en un habilitador universal. El verdadero valor de la tecnología no reside únicamente en su excelencia técnica, lo encontramos en su capacidad para resolver problemas concretos y mejorar la vida de las personas.

Estamos ante el inicio de una nueva etapa en la digitalización, en la que la conectividad deja de ser un recurso limitado para convertirse en un habilitador universal

No debemos olvidar que el cambio real no consiste únicamente en incorporar nuevas tecnologías; va mucho más allá, hasta conseguir que la conectividad deje de ser una barrera para quienes desarrollan su actividad lejos de los grandes núcleos urbanos. Pasar del campo aislado al campo conectado significa dotar al mundo rural de herramientas para tomar mejores decisiones, trabajar con mayor seguridad y afrontar sus desafíos con más información y capacidad de respuesta. Ese es el paso decisivo para que la digitalización llegue de verdad allí donde, durante demasiado tiempo, parecía imposible.

Artículos relacionados