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Repensar la conectividad: cómo el NaaS impulsa la revolución de la IA


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Joan Monrabà, country manager de Colt Technology Services en España

Publicado el 25 sept 2026



Joan Monrabá, director general de Colt en España
Joan Monrabá, director general de Colt en España



La inteligencia artificial avanza a una velocidad para la que la infraestructura empresarial tradicional nunca fue diseñada. Y detrás del boom de la IA hay una realidad esencial: la inteligencia solo es tan potente como la infraestructura que la transporta. Por eso el modelo Network as a Service (NaaS) empieza a ocupar un lugar estratégicamente interesante. En vez de obligar a las empresas a comprar, configurar y mantener cada componente de una red compleja, el NaaS permite consumir la conectividad como un servicio gestionado y definido por software. La capacidad, el enrutamiento, las políticas de seguridad y el rendimiento pueden ajustarse de forma mucho más dinámica. La compañía sigue necesitando una infraestructura física robusta, pero gana un modelo operativo mucho más flexible.

El modelo está transformando la red: de ser un conjunto estático de hardware, contratos y configuraciones manuales, pasa a convertirse en una capacidad bajo demanda definida por software. En la era de la IA, ese cambio es decisivo al nivel de la estrategia. Una empresa puede necesitar mover volúmenes ingentes de datos entre plataformas cloud, centros de datos, ubicaciones edge y miles de dispositivos conectados en milisegundos. Puede necesitar dar soporte a una carga de trabajo de IA que hace seis meses no existía. El NaaS aporta la elasticidad para seguir ese ritmo.

Cuando la red se convierte en el límite de la IA

La dimensión del reto es difícil de asumir. Para 2027 se prevé que la creación global de datos alcance los 284 zettabytes anuales, un crecimiento exponencial sostenido, mientras que el número de dispositivos conectados en el mundo ya se mide en decenas de miles de millones. Al mismo tiempo, las empresas despliegan cargas de trabajo de IA extraordinariamente exigentes en ancho de banda, latencia y capacidad de proceso. Entrenar un modelo grande de IA puede requerir mover volúmenes enormes de datos de forma continua entre almacenamiento, recursos de cómputo y aceleradores especializados. Una red congestionada o mal configurada no es simplemente un inconveniente: se convierte en un freno directo a la innovación.

El NaaS responde a esta realidad permitiendo a las organizaciones aprovisionar y gestionar la conectividad por software, a menudo con automatización, analítica e inteligencia artificial integradas en el propio modelo operativo. La capacidad se ajusta dinámicamente. Las políticas de red se despliegan de forma centralizada. El rendimiento se monitoriza de forma continua. Es, en esencia, el botón fácil de la red: la empresa dedica menos tiempo a gestionar su infraestructura y más tiempo a utilizarla. Y esa distinción importa. Las compañías con más probabilidades de ganar la carrera de la IA no serán necesariamente las que tengan el mayor presupuesto tecnológico, sino las capaces de convertir su infraestructura en una ventaja en lugar de en un obstáculo.

La red se vuelve inteligente

Hay otro movimiento que merece atención: la IA no solo necesita mejores redes, también se está utilizando cada vez más para mejorarlas. Puede analizar patrones de tráfico, identificar anomalías, anticipar congestiones y detectar fallos potenciales antes de que se traduzcan en caídas de servicio. En lugar de esperar a que un técnico responda a una incidencia, la IA detecta riesgos emergentes y, en determinados entornos, ajusta de forma automática el enrutamiento, la capacidad o los controles de seguridad. Para hacerse una idea de lo que esto supone: una gran empresa puede generar millones de eventos operativos al día en su infraestructura, y ningún equipo humano puede revisar cada una de esas señales a mano.

La red ya no va por detrás de la innovación

La siguiente fase de la revolución de la IA no la ganarán los algoritmos por sí solos. La ganará la infraestructura capaz de mover datos de forma rápida, segura e inteligente allí donde se necesiten. Eso convierte a la red en un activo estratégico, y al NaaS en uno de los modelos más importantes para hacerlo posible.

La siguiente fase de la revolución de la IA no la ganarán los algoritmos por sí solos. La ganará la infraestructura capaz de mover datos de forma rápida, segura e inteligente allí donde se necesiten

Miles de millones de dispositivos conectados, volúmenes de datos en rápida expansión y un mercado de IA que crece a una velocidad extraordinaria están generando unas exigencias de infraestructura que las redes tradicionales nunca se diseñaron para absorber. Pero detrás de las cifras, las empresas necesitan una conectividad capaz de escalar en tiempo real, de aprender de su propio comportamiento y de dar soporte a cargas de trabajo que todavía están evolucionando.

El NaaS aporta esa flexibilidad, y la IA añade la capacidad de hacer la red más autónoma y eficiente. La combinación de ambos cambia la manera de entender la red: pasa de ser un cimiento técnico fijo a funcionar como una plataforma de negocio que se optimiza de forma continua.

Las organizaciones que lo entiendan pronto tendrán una ventaja seria. Podrán desplegar IA más rápido, responder mejor a los cambios de demanda y construir operaciones digitales resilientes por diseño. Las que sigan tratando la conectividad como infraestructura de fondo pueden encontrarse con una realidad incómoda: en la economía de la IA, la red ya no va por detrás de la innovación. Es la innovación.

El futuro será de las empresas capaces de conectar, computar y adaptarse a velocidad. El NaaS se está consolidando como el tejido conectivo de ese futuro. La pregunta ya no es si las empresas deberían repensar sus redes. La pregunta es cuánto tiempo pueden permitirse no hacerlo.

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