María García Villamor, HR Manager Blue Telecom Consulting.
María García Villamor, HR Manager Blue Telecom Consulting.

En la formación profesional, como en otros muchos ámbitos, la tecnología va siempre por delante de los contenidos formativos oficiales. Aunque esta realidad resulte complicada de gestionar, es imprescindible tomar medidas para intentar reducir la distancia entre ambas, logrando que el sistema educativo cumpla su objetivo y pueda aportar valor tanto a la actividad empresarial como a la sociedad en su conjunto.

Además, en España sufrimos una notable escasez de cualificaciones intermedias de FP, algo que provoca una carencia de perfiles específicos para las necesidades actuales de las empresas. Como consecuencia, a la hora de cubrir la demanda de talento, las organizaciones no han tenido más remedio que orientar su contratación hacia titulaciones superiores.

En España sufrimos una notable escasez de cualificaciones intermedias de FP

El problema se agrava en sectores que evolucionan muy rápidamente, como el de las Telecomunicaciones. En estos casos, el sistema educativo tradicional, especialmente en el nivel de la Formación Profesional, es incapaz de seguir el ritmo de innovación del mercado a la hora de capacitar de forma apropiada a los nuevos profesionales. Es un hecho que, en el ámbito tecnológico, la FP adolece de latencias no deseables, lo que dificulta la reducción de la brecha existente entre empleo y formación.

La RAE define el término latencia como el tiempo que transcurre entre un estímulo  y la respuesta que produce. En el ámbito de las telecomunicaciones, la latencia es la demora que se produce entre el envío y la recepción de información. Uno de los principales objetivos de las nuevas tecnologías es conseguir reducir al máximo dichas latencias, haciendo realidad casos de uso cada vez más innovadores como, por ejemplo, todo lo relacionado con 5G, cuya latencia se sitúa en el entorno de 1 milisegundo. De forma similar, el sector de la Educación debería redoblar sus esfuerzos para incrementar su eficiencia mediante la reducción de sus propias latencias.

Es cierto que ya se está trabajando en la reformulación de las formaciones intermedias a través de iniciativas como la Formación Profesional Dual. Asimismo, el Gobierno ya ha comunicado su intención de incluir la educación en el Plan de Recuperación Europeo. Sin embargo, la experiencia nos dice que la política avanza con lentitud, añadiendo latencias al proceso. Mientras los avances tecnológicos progresan de forma continua, y como consecuencia las necesidades de talento de las organizaciones, en los despachos de las distintas administraciones públicas se definen planes estratégicos para la FP, que más tarde tendrán que ser conformados y desplegados en cada uno de los territorios autónomos. Con seguridad, el impacto de esos planes será positivo, pero se conseguirá uno aún mayor si en algún momento se considera que la rapidez y la flexibilidad de la formación son también requisitos esenciales a tener en cuenta.

Programación como asignatura troncal

En la FP Dual se combina el aprendizaje entre el centro educativo y la empresa, con un número de horas o días de estancia de duración variable entre ambas y donde el primer año de estudios se desarrolla íntegramente en el centro educativo y el segundo en la empresa. No hay duda de que resulta clave invertir en este modelo, pero haciendo que la aportación de la empresa sea mucho más amplia, con grados más especializados y con programas más dinámicos que eviten que el Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales se quede obsoleto en poco tiempo. El paradigma clásico de primero titulación y después trabajo ha dejado de ser eficaz hace mucho tiempo.

Volviendo al sector de las Telecomunicaciones, y más concretamente en el caso de las redes de 5G, han sido muy interesantes las iniciativas llevadas a cabo por la Asociación Española para la Digitalización, DigitalES, entre las que destaca el diseño de un curso y una nueva cualificación profesional de instaladores de redes 5G con la colaboración de Ericsson, Nokia, Vodafone y Telefónica. Sin duda, que empresas líderes del sector definan el contenido de una cualificación profesional es un paso muy importante, aunque siga siendo insuficiente.

Además, también es importante considerar las primeras fases de la enseñanza, previas a la FP. Marc Andreessen, fundador de Netscape, ya comentaba en uno de sus artículos publicado hace más de diez años que el software se estaba comiendo el mundo. En 2021, las telecomunicaciones ya están dentro de esa previsión. Resulta vital entender que las redes ya se han convertido en arquitecturas y plataformas de software, con una clara orientación hacia la automatización, lo que implica que una buena formación en software será, cada vez, más que requerida. Contar con conocimientos básicos de software y de lenguajes de programación antes de llegar a la FP resulta ahora esencial, por lo que esta materia debería formar parte de la enseñanza obligatoria como asignatura troncal.

Por último, cabe mencionar que la autoformación es una alternativa entre la Formación Profesional oficial y la empresa que adquiere cada vez más relevancia. La tecnología proporciona actualmente medios muy amplios, prácticos y baratos para para autoformarse, lo que ya está haciendo que veamos casos de personas autoformadas mucho mejor preparadas que otras con titulaciones oficiales. Enseñar a los profesionales del futuro a autoformarse de forma continua debería ser una obligación. En los entornos productivos actuales ya resulta algo imprescindible.