Tras más de cuatro años de investigación, Masorange ha desarrollado una nueva metodología de diseño de radioenlaces. Una solución que permite emplear antenas más pequeñas y ligeras, manteniendo, “e incluso mejorando”, la capacidad y el alcance de las conexiones inalámbricas.
Bautizada como BTA (Backhaul Traffic Availability), este proyecto se inició en 2021 con el objetivo de analizar el dimensionamiento real de los radioenlaces (conexiones inalámbricas que permiten comunicar dos puntos de una red mediante ondas de radio, sin necesidad de fibra óptica). Tras desarrollar una herramienta capaz de separar el impacto del tráfico y de las condiciones meteorológicas, la operadora detectó que muchas instalaciones estaban sobredimensionadas. A partir de este hallazgo, la compañía desarrolló un nuevo modelo teórico basado en un concepto más eficiente de disponibilidad del servicio. La metodología fue validada durante un año en entornos reales, con pruebas en provincias con condiciones climáticas muy distintas —Sevilla, Alicante, Asturias y Pontevedra— y con diferentes proveedores tecnológicos. Finalmente, BTA se estandarizó en marzo por la ETSI.
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Más pequeñas, eficientes y sostenibles
Los radioenlaces permiten conectar distintos puntos de la red mediante ondas de radio, siendo clave para llevar conectividad a zonas rurales, despliegues temporales o como respaldo de la fibra. Tradicionalmente, el tamaño de las antenas ha sido determinante para garantizar la distancia y capacidad de transmisión.
La nueva metodología se apoya en un rediseño basado en el comportamiento real del tráfico y las condiciones climáticas, por lo que es posible dimensionar con mayor precisión los radioenlaces, evitando sobredimensionamientos y optimizando recursos.
Como resultado se reduce el diámetro y peso de las antenas; se disminuye el consumo energético; se libera espectro y capacidad para otros usos; y se mejora la sostenibilidad de la red.
El poder de los radioenlaces
Estas conexiones inalámbricas que comunican dos puntos de una red mediante ondas de radio funcionan con antenas direccionales situadas en cada extremo, por ejemplo, entre estaciones base o entre una estación y un nodo de red. Estas antenas transmiten en frecuencias específicas y pueden cubrir desde unos pocos kilómetros hasta varias decenas, en función de su tamaño, la frecuencia y las condiciones del entorno.
Este tipo de tecnología se utiliza principalmente para llevar tráfico desde estaciones móviles —especialmente en zonas rurales— hasta el núcleo de la red, o en lugares donde la fibra no llega. También se emplea como respaldo de enlaces principales o en despliegues temporales, como eventos o situaciones de emergencia que requieren rapidez. En general, cuanto mayor es la antena, mayor es la distancia que puede cubrir el radioenlace en las mismas condiciones.





