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Un año después del apagón: ¿están preparadas nuestras infraestructuras críticas para escenarios como este?



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Javier Hernández, Key Account Manager de Boldyn Networks en España

Publicado el 8 may 2026



Javier Hernández, Key Account Manager de Boldyn Networks en España
Javier Hernández, Key Account Manager de Boldyn Networks en España

Hace un año, un apagón de gran escala afectó simultáneamente a España y Portugal. En el punto álgido del 28 de abril, más de la mitad de los usuarios de redes móviles en amplias zonas de España se quedaron completamente sin señal, pasando de un nivel previo inferior al 0,5% a más del 50%.

Pero, más allá del impacto inmediato sobre el suministro eléctrico, aquel episodio se convirtió en un recordatorio de las vulnerabilidades de nuestras infraestructuras críticas y del grado de dependencia que tenemos de ellas para sostener la actividad económica, los servicios esenciales y la seguridad de las personas.

Doce meses después, el balance incluye iniciativas orientadas reforzar la resiliencia de las redes de comunicaciones públicas y a mejorar los mecanismos de respuesta ante incidencias graves. En este sentido, cabe destacar que el propio Gobierno ha reforzado el enfoque de las telecomunicaciones como infraestructuras críticas en su marco regulatorio y en el borrador de la nueva ley en discusión, se contempla como requisito una autonomía energética mínima de entre 4 y 24 horas en función de la criticidad del servicio, subrayando así su papel esencial en la continuidad de los servicios esenciales.

Sin embargo, el apagón evidenció la dependencia de infraestructuras centralizadas y la falta de autonomía operativa en muchos entornos críticos. Cuando falla la energía, no pueden fallar las comunicaciones, porque con ellas se sostiene la capacidad de coordinación y reacción.

Garantizar la continuidad de los servicios críticos en escenarios de emergencia no es una cuestión exclusivamente técnica, sino un factor determinante para proteger a las personas, mantener operativas las infraestructuras esenciales y asegurar la continuidad de la actividad. Hospitales, servicios de emergencia, transporte, industria o administraciones requieren comunicaciones fiables en todo momento, también en situaciones extremas. Y esta necesidad no siempre está adecuadamente reflejada en los planes de contingencia.

Apostar por un único tipo de red ya no es suficiente

En este contexto cobra especial relevancia la convergencia de distintas tecnologías de conectividad. Apostar por un único tipo de red ya no es suficiente. La combinación de soluciones como redes privadas inalámbricas, tecnologías 5G, conectividad satelital y sistemas de respaldo energético permite construir arquitecturas mucho más robustas y flexibles. Esta diversidad tecnológica aporta redundancia y garantiza que, si una capa falla, existan alternativas capaces de mantener las comunicaciones operativas.

Las redes 5G aportan baja latencia y capacidad para aplicaciones críticas; las soluciones satelitales garantizan conectividad incluso cuando las infraestructuras terrestres se ven afectadas; y las redes privadas ofrecen control, seguridad y autonomía. Integradas de forma coherente, estas tecnologías permiten sostener las operaciones incluso durante interrupciones prolongadas del suministro eléctrico o en escenarios altamente imprevisibles.

Las organizaciones necesitan mayor autonomía y control en sus planes de contingencia y emergencia, incorporando la conectividad como un elemento estratégico para proteger la actividad

La lección es clara: las organizaciones necesitan mayor autonomía y control en sus planes de contingencia y emergencia, incorporando la conectividad como un elemento estratégico para proteger la actividad. Confiar exclusivamente en infraestructuras compartidas, sin redundancias ni alternativas, supone un riesgo creciente en un entorno cada vez más expuesto a eventos extremos, ya sean técnicos, climáticos o de otra naturaleza.

Invertir en continuidad operativa no debe entenderse únicamente como una medida preventiva, sino como una decisión estratégica

Invertir en continuidad operativa no debe entenderse únicamente como una medida preventiva, sino como una decisión estratégica. Reduce el impacto de las crisis, protege la actividad y refuerza la confianza. El coste de la inactividad, en términos económicos, operativos y reputacionales, suele ser muy superior al de anticiparse con soluciones adecuadas.

Por último, no puede obviarse el papel fundamental de la colaboración público-privada. Garantizar que las infraestructuras críticas permanezcan conectadas incluso en los escenarios menos previsibles requiere inversión, coordinación y una visión compartida del riesgo. Administraciones y sector privado deben avanzar juntos para definir prioridades y construir un ecosistema de comunicaciones verdaderamente resiliente.

Administraciones y sector privado deben avanzar juntos para definir prioridades y construir un ecosistema de comunicaciones verdaderamente resiliente

Un año después del apagón, la cuestión no es solo cómo evitar que vuelva a suceder, sino cómo estar mejor preparados si vuelve a ocurrir, para que su impacto sea significativamente menor. Las tecnologías ya existen; el reto ahora es su implementación de forma coordinada y efectiva.

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