La virulencia de los incendios forestales y la multiplicación de los fenómenos meteorológicos extremos han dejado de ser anomalías coyunturales. En España, los incendios han afectado a más de 194.000 hectáreas este verano, casi seis veces más que el año pasado, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).
Ante emergencias de esta magnitud, solemos centrar la atención en los medios desplegados sobre el terreno. Sin embargo, existe otro elemento determinante que permanece invisible hasta que falla: la infraestructura de comunicaciones que permite coordinar a centros de mando, fuerzas de seguridad, bomberos y servicios sanitarios.
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De la voz crítica a la banda ancha de misión crítica
Durante décadas, los sistemas digitales de radio móvil profesional, como TETRA o P25, han proporcionado voz crítica, comunicaciones de grupo y elevados niveles de disponibilidad. Estos sistemas continúan siendo esenciales, pero fueron concebidos principalmente para voz y servicios de datos de capacidad limitada. La gestión actual de una emergencia exige, además, compartir vídeo, localización, telemetría y grandes volúmenes de información. El reto no consiste en desechar lo que funciona, sino en complementarlo y evolucionarlo sin comprometer la continuidad operativa.
En este contexto, las redes móviles de misión crítica basadas en estándares 3GPP sobre 4G y 5G desempeñan un papel fundamental. La banda ancha crítica permite incorporar servicios estandarizados de voz, vídeo y datos —MCPTT, MCVideo y MCData— y construir una visión operativa compartida entre quienes dirigen la emergencia y quienes actúan sobre el terreno.
Los centros de mando pueden recibir vídeo procedente de drones o cámaras personales, consultar la posición de los recursos desplegados y acceder a telemetría sobre las condiciones ambientales. A ello se suman los sensores IoT y las herramientas analíticas, incluida la inteligencia artificial, que pueden ayudar a interpretar la información disponible y anticipar la evolución del riesgo.
Estas capacidades mejoran la conciencia situacional y facilitan decisiones más rápidas y fundamentadas. Pero una red no se convierte en crítica únicamente por transportar más datos: debe mantener el servicio cuando la infraestructura está congestionada, dañada o sometida a condiciones extremas.
Pero una red no se convierte en crítica únicamente por transportar más datos: debe mantener el servicio cuando la infraestructura está congestionada, dañada o sometida a condiciones extremas
Resiliencia cuando la red está bajo presión
La disponibilidad debe construirse mediante redundancia, seguridad reforzada, energía de respaldo, cobertura desplegable y capacidad para operar a través de varias redes. No existe una garantía absoluta de conectividad en cualquier lugar y circunstancia, pero una arquitectura correctamente diseñada puede reducir los puntos únicos de fallo y preservar las comunicaciones esenciales cuando parte de la infraestructura deja de estar disponible.
Las redes no terrestres (NTN), incluida la conectividad satelital, pueden complementar las redes móviles terrestres. Su incorporación puede ampliar la cobertura en zonas remotas o proporcionar una ruta de respaldo cuando los nodos terrestres han resultado dañados. Su aportación dependerá, en cada caso, de la cobertura disponible, los terminales, el espectro, la capacidad y el diseño integral de la solución.
Otro desafío aparece cuando una emergencia provoca un incremento extraordinario del tráfico comercial. En ese momento, los servicios esenciales necesitan un tratamiento diferenciado para no competir en igualdad de condiciones con el resto de los usuarios.
Las redes 4G y 5G de misión crítica pueden aplicar mecanismos de calidad de servicio, prioridad, reasignación de recursos y control de admisión. En 5G, el network slicing permite crear particiones lógicas con políticas específicas de aislamiento y rendimiento. Correctamente dimensionadas y gestionadas de extremo a extremo, estas capacidades ayudan a preservar recursos para el tráfico crítico durante los periodos de congestión.
La interoperabilidad es igualmente esencial. Los estándares 3GPP proporcionan una base común para desplegar servicios seguros e interoperables, pero la coordinación efectiva también exige productos compatibles, una gestión adecuada de identidades y permisos, integración con los centros de mando, pruebas operativas y acuerdos claros entre las organizaciones.
La modernización tampoco exige sustituir de forma inmediata las inversiones existentes. Los mecanismos de interoperabilidad permiten una convivencia gradual con TETRA o P25, mientras que los modelos híbridos pueden combinar un núcleo de red dedicado y seguro con la red de acceso de un operador y con soluciones desplegables. Este enfoque puede acelerar la implantación y optimizar costes, siempre que la gobernanza, la seguridad, el control operacional y la gestión de los datos estén claramente definidos.
La evolución hacia la banda ancha de misión crítica debe abordarse de forma gradual, integrando las redes existentes con nuevas capacidades 4G y 5G basadas en estándares 3GPP
Una evolución gradual y orientada a la operación
Estas tecnologías no evitarán el próximo incendio, pero pueden ayudar a responder con mayor rapidez, mejorar la seguridad de los equipos y proteger más vidas. Para lograrlo, la evolución hacia la banda ancha de misión crítica debe abordarse de forma gradual, integrando las redes existentes con nuevas capacidades 4G y 5G basadas en estándares 3GPP. Desde Ericsson consideramos que el objetivo no es incorporar tecnología por sí misma, sino proporcionar a los servicios de emergencia comunicaciones más resilientes, seguras e interoperables, capaces de responder cuando la disponibilidad de la red resulta verdaderamente crítica.





