Año tras año vuelven a salir a la luz “noticias” que indican que el uso de teléfonos móviles provoca cáncer, que las redes 5G son perjudiciales para la salud… y año tras año el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) analiza científicamente que estas afirmaciones sean verdaderas.
En 2008 esta institución independiente -formada por expertos en Medicina, Física, Química, Biología, Ingeniería de Telecomunicación, Derecho y otras disciplinas relacionadas-, ya subrayaba que no estaba demostrado que la radiofrecuencia tuviera efectos sobre la salud. En 2020 corroboraba de nuevo que no había evidencias científicas de que 5G supusiera un riesgo para la salud; y en 2024 un nuevo informe reconfirmaba que no había evidencias de efectos nocivos de la radiofrecuencia en la salud.

La entidad acaba de hacer público otro informe en el que analiza una serie de revisiones sistemáticas encargadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evaluar la relación entre la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia (CEM-RF) y el riesgo de cáncer. La conclusión de este estudio es que la evidencia epidemiológica en humanos no muestra una asociación convincente, a pesar de que la evidencia experimental en animales de laboratorio sí ha encontrado un ligero aumento en ciertos tipos de tumores en ratas macho. Esta divergencia entre la evidencia en animales y en humanos es una conclusión central del informe y define el debate científico actual.
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La evidencia en humanos: no hay aumento convincente del riesgo
Basándose en dos revisiones sistemáticas exhaustivas de estudios observacionales en humanos (Karipidis et al., 2024 y 2025), el informe concluye que la evidencia actual no respalda una asociación causal entre la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencias (CEM-R) y el cáncer.
En este sentido, los resultados clave de los estudios en humanos son:
- Tumores más investigados: Para los tumores más estudiados asociados al uso de teléfonos móviles (glioma, meningioma y neurinoma del acústico), no se encontró un incremento del riesgo.
- Otras exposiciones en humanos: Tampoco se hallaron asociaciones consistentes para la leucemia infantil relacionada con la exposición a emisores fijos (antenas), ni para tumores menos investigados como leucemia o linfoma no Hodgkin en adultos.
El uso de teléfonos móviles durante más de una década, no muestran un aumento del riesgo de tumores cerebrales
- Conclusión general en humanos: En conjunto, y a pesar de décadas de investigación y múltiples estudios de alta calidad, la evidencia epidemiológica actual no respalda una asociación causal. Los análisis más completos, que incluyen datos de uso de teléfonos móviles durante más de una década, no muestran un aumento del riesgo de tumores cerebrales.
La evidencia en animales: algunas señales no vinculantes
En contraste con los hallazgos en humanos, la revisión sistemática de estudios de carcinogenicidad en animales de laboratorio (Mevissen et al., 2025) identificó algunas señales de peligro en condiciones experimentales controladas.
Los descubrimientos específicos en animales de laboratorio incluyen:
- Glioma (tumor cerebral): Se observó un aumento de gliomas en ratas macho.
- Schwannoma maligno cardíaco: También se encontró un incremento de schwannomas malignos del corazón en ratas macho.
- Otros tumores: Para linfoma, los resultados fueron inconsistentes entre estudios, mientras que, para tumores de hígado y pulmón, las señales positivas no fueron replicadas de forma consistente.
No es lo mismo animales que humanos, ni riesgo que peligro
Los autores de la revisión han advertido que “extrapolar estos hallazgos de peligro al riesgo humano es excepcionalmente complejo y debe hacerse con extrema cautela, dadas las profundas diferencias fisiológicas y dosimétricas entre especies”.
Sostienen que la diferencia entre los hallazgos en animales y humanos no es una contradicción, sino que se basa en una distinción fundamental entre «peligro» y «riesgo«. Mientras que los estudios en animales identifican un peligro: la capacidad de un agente para causar daño en condiciones de laboratorio ideales y, a menudo, extremas; los estudios en humanos evalúan el riesgo: la probabilidad de que ese daño ocurra en el mundo real, con los niveles de exposición típicos de la población.
En este sentido, el informe subraya que, aunque se ha identificado un peligro en roedores bajo exposición controlada, esto no se ha traducido en un riesgo medible en la población humana hasta la fecha.
Metodología del estudio
Este informe del CCARS destaca la robustez metodológica de las revisiones sistemáticas analizadas, de manera que todos los estudios fueron comisionados por la OMS, siguieron protocolos registrados públicamente (PROSPERO) y utilizaron marcos de evaluación estandarizados, como OHAT-GRADE, para calificar la certeza de la evidencia de manera transparente y sistemática.
“Este enfoque garantiza que las conclusiones se basen en una evaluación exhaustiva y objetiva de toda la evidencia disponible, minimizando el sesgo y aumentando la confianza en los resultados”, concluyen.










