Parece que Europa se ha puesto las pilas en materia legislativa con propuestas que, sin embargo, no terminan de convencer o al menos siembran ciertas dudas en el sector de las telecomunicaciones. Si ayer fue la presentación del borrador de la futura Ley de Ciberseguridad, en el que -entre otras cosas-, se planteaba el veto a fabricantes no europeos y la sustitución de componentes en un tiempo específico. Hoy el revuelo ha sido mayor porque ha tocado de lleno en una de las grandes esperanzas de esta industria: la DNA, la Ley de Redes Digitales. La entidad comunitaria ha hecho público un primer borrador de esta anhelada norma y no ha gustado mucho.
Connect Europe considera que este proyecto de ley parece ser una continuación del status quo, “careciendo de propuestas transformadoras para fomentar la inversión tan necesaria”. Y de nuevo hacen un llamamiento a los legisladores para que restablezcan la ambición fijada en los informes Enrico Letta y Mario Draghi que aludían a una reforma estructural que apostara por la simplificación, armonización, innovación y competitividad.
“Necesitamos una implementación concreta de las recomendaciones Draghi y Letta”, indican en el comunicado remitido. “La DNA identifica acertadamente la conectividad como una palanca clave para lograr la competitividad europea y la soberanía tecnológica. Celebramos los nuevos objetivos de la propuesta legislativa, que ahora exige explícitamente reforzar la competitividad, crear un mercado único y promover la inversión en beneficio de los ciudadanos. Pero consideramos que no se reflejan suficientemente en las medidas reales previstas en el texto, mientras que se han añadido complejidad y normas adicionales”. A lo que añaden “Europa ya no puede permitirse la sobreregulación, la fragmentación y la infrainversión”.
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Más cargas burocráticas y duplicidades normativas
Precisamente, una de las quejas que ponen sobre la mesa radica en esa excesiva regulación, algo que impacta en la inversión en redes. En particular destacan que este borrador introduce mayor incertidumbre sobre el modelo del inversor y corre el riesgo de efectos disuasorios sobre la competencia, la inversión y la elección del cliente. Exponen que la simplificación y la consecución del mercado único debe ser un objetivo central de la Ley de Redes Digitales y para ello hay que “reducir la fragmentación regulatoria en toda la UE y pasar de normas sectoriales a normas horizontales”.
El borrador introduce mayor incertidumbre sobre el modelo del inversor y las telco piden reducir la fragmentación regulatoria en toda la UE y pasar de normas sectoriales a normas horizontales
También desde DigitalES estiman que el documento -con más de 200 artículos-, introduce nuevas cargas burocráticas y duplicidades en materias como privacidad y protección del usuario, “afectando negativamente a la competitividad del sector sin mejoras tangibles para los consumidores”.
No obstante, en el documento se aboga por permitir a las empresas prestar servicios en toda la Unión Europea tras registrarse en un único Estado miembro, eliminando así la burocraca.
Cuestiones de espectro
Capítulo aparte merece el espectro ya que la propuesta de la Comisión para esa futura Digital Network Act pide que se garantice el uso de todo el espectro disponible impulsando el uso compartido entre operadores y que se introduzca un mecanismo de cooperación voluntaria entre los proveedores de conectividad y otros agentes, como los OTT y gigantes de la nube.
Igualmente plantea promover la creación de servicios paneuropeos de comunicación por satélite mediante el establecimiento de un marco de autorización del espectro a escala de la UE, en lugar de a escala nacional; aumentar una “coherencia normativa” en la autorización nacional del espectro al permitir a los operadores licencias más amplias y con plazos de validez más largos. Es decir, establece licencias de espectro de duración ilimitada.
Sobre este punto, el documento sí que alinea a la UE con los desarrollos globales de 5G y 6G, consideran los operadores. “Este es un paso clave hacia adelante, y hacemos un llamamiento al Parlamento Europeo y a los Estados miembros para que lo mantengan y fortalezcan”, recalcan desde Connect Europe.
No obstante, aunque esta medida supone un progreso en el desarrollo de redes móviles, desde la asociación europea sostienen que se debe garantizar una certeza regulatoria tanto en los servicios especializados como en el network slicing, “para que los operadores puedan ofrecer servicios 5G avanzados e innovadores a sus clientes”. Es imperativo revertir este enfoque “restrictivo y fragmentado” para que el viejo continente no se quede todavía más rezagado en del desarrollo de redes móviles de última generación.
¿Y la reforma estructural para cuándo?
Y es que, aunque la Ley de Redes Digitales muestra avances en el cumplimiento de las demandas de las operadoras, se queda corta. ¿Dónde están las reformas estructurales y profundas?
Esta es una de las demandas que saca a relucir DigitalES al considerar que esta ley “debe convertirse en una reforma profunda del marco regulatorio, orientada a simplificar normas, reducir cargas administrativas y facilitar un verdadero mercado único digital”. En este contexto, la asociación advierte de que el actual exceso de regulación y la fragmentación normativa limitan la capacidad de inversión de los operadores, en un momento en el que es imprescindible acelerar el despliegue de redes de muy alta capacidad, 5G y futuras tecnologías como 6G. Algo que afecta a España, como líder europeo en despliegue de fibra y uno de los más avanzados en 5G. Para seguir manteniendo esta posición necesita un entorno regulatorio más predecible y favorable a la inversión a largo plazo. Sobre todo, cuando el texto comunitario pide que para 2029 se fijen planes nacionales de transición obligatorios para garantizar la eliminación gradual de las redes de cobre y la transición a redes avanzadas entre 2030 y 2035.
Sin canon para las OTT
Una de las mayores reivindicaciones de las telco durante estos años ha sido la de obligar a los gigantes de Internet a pagar por el uso de la infraestructura sobre la que ofrecen sus servicios. Teniendo en cuenta que estos actores son los que “colapsan” las redes, que menos que pagar un peaje por el “desgaste” de las autopistas. Sin embargo, la propuesta de la CE sobre la DNA no contempla de forma clara este canon. Es más, insta a la puesta en marcha de un mecanismo de cooperación voluntaria. Una solución bastante débil.
Por ello, DigitalES expone que la futura ley debe abordar “de forma decidida” el desequilibrio en la cadena de valor digital, donde los operadores asumen la mayor parte del esfuerzo inversor mientras grandes plataformas digitales se benefician intensivamente de las redes sin contribuir proporcionalmente a su financiación.
Punto de partida
Sea como fuere, la DNA supone un punto de partida para la transformación de la industria de las telecomunicaciones en Europa. Pero no debe quedarse ahí como subraya Miguel Sánchez Galindo, director general de DigitalES: “Europa no debe entender el Digital Networks Act como un punto de llegada, sino como un punto de partida. El futuro económico de Europa, su seguridad y su capacidad de innovar dependen de contar con redes digitales fuertes. Ahora es el momento de que los Estados miembros y el Parlamento Europeo refuercen la propuesta y la conviertan en un verdadero motor de competitividad y liderazgo digital”
Una visión que comparte Alessandro Gropelli, director general de Connect Europe: “El verdadero desafío ahora no es lograr un compromiso de Bruselas, sino devolver a Europa al mapa tecnológico global. La DNA puede ser fundamental para avanzar en la soberanía y competitividad europeas, pero el texto final debe reflejar plenamente la ambición de los informes Letta y Draghi”, concluye.










