La automatización ya no es un concepto abstracto. A medida que la robótica y la inteligencia artificial se integran en actividades cotidianas, la duda se instala en el mercado laboral: para casi uno de cada dos españoles, el avance tecnológico puede traducirse en menos puestos de trabajo.
El recelo se amplifica cuando la conversación se desplaza hacia máquinas cada vez más humanas. El 30% considera que los robots humanoides son una amenaza para la sociedad, un dato que subraya la percepción de riesgo asociada a tecnologías capaces de ejecutar tareas tradicionalmente humanas. Además, el fenómeno ya es ampliamente conocido: el 88% afirma estar familiarizado con los robots humanoides, lo que apunta a una preocupación que se alimenta tanto de la experiencia directa como del imaginario mediático sobre su adopción.
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La IA, protagonista: productividad, desconfianza y ciberseguridad
La tecnología más popular en España es también la que concentra más expectativas y temores. El 97% dice conocer la inteligencia artificial y el 68% cree que será la tecnología más influyente en la próxima década. Su impacto, por tanto, se percibe como estructural: desde el empleo hasta la organización del trabajo y la competitividad.
Sin embargo, el optimismo convive con una sombra creciente. El 35% de los españoles cree que la IA tendrá un efecto negativo en la sociedad, mientras que la seguridad digital se consolida como la principal alarma: el 63% teme los ciberataques y el 50% menciona la falta de seguridad de los datos como una de sus preocupaciones ante el progreso tecnológico.
Oportunidad, sí; pero con control y sentido práctico
Pese a la inquietud, el balance no es unívoco. El 54% ve la tecnología como una oportunidad y el 55% considera que facilitará su trabajo, lo que confirma una visión pragmática: se valora aquello que mejora la vida cotidiana y reduce cargas. No obstante, el ritmo del cambio también pesa: el 27% siente que avanza demasiado rápido.
En ese contexto, Bosch sitúa su apuesta en la innovación responsable, orientada a soluciones útiles y alineadas con necesidades reales. El propio Stefan Hartung, presidente del consejo de administración, resume el clima social como una tensión entre el progreso y la cautela, un mensaje que conecta con el debate de fondo: avanzar, pero sin dejar atrás a quienes temen pagar el coste del cambio.








