El tráfico web está cambiando. No sólo los patrones de uso, sino los propios usuarios. Se habla de la Internet de los agentes y de un modo de navegación dominado por máquinas. No en vano, un estudio que presentó recientemente Fastly ya señalaba que el tráfico de IA crecía 6,5 veces más rápido que el humano. Además, destacaba que el cambio más significativo estaba en cómo los sistemas de IA interactuaban con la infraestructura digital.
Y es que, la inteligencia artificial no es sólo un jugador más, es un jugador titular. Las redes están sometidas a más presión porque se demanda más ancho de banda capaz de sustentar los requisitos de uplink. Pero más allá de las autopistas sobre las que circula la información se impone otra preocupación: la privacidad de los datos.
Para abordar esta cuestión se está desarrollando PACT (Private Access Control Tokens), una tecnología de tokens de control de acceso privado que utiliza el navegador del usuario para emitir tokens anónimos, demostrando a los sitios web que detrás de la conexión hay un humano y no un bot, evitando la necesidad de resolver los famosos CAPTCHAs o rastreos invasivos.
Detrás de esta iniciativa está Cloudflare y los principales navegadores web (Mozilla Firefox, Google Chrome y Microsoft Edge). Una propuesta que, como indican sus autores, “sentará las bases para una experiencia más fluida, segura y privada, tanto para cada usuario de Internet como para los propietarios de sitios web”, detallan.
A lo que añaden: “Durante décadas, los operadores de sitios web han dependido de un mosaico de mecanismos de defensa imperfectos para gestionar el abuso automatizado, pero estas técnicas no logran seguir el ritmo de las amenazas modernas. Ahora, con la explosión de la IA generativa, el campo de batalla ha cambiado una vez más”. No en vano, la automatización maliciosa está más extendida, es más sofisticada y resulta económicamente más dañina. Además, a medida que avanzamos hacia una era de IA agéntica, la línea entre el comportamiento humano y la actividad de los bots se está desdibujando, dejando al mundo digital con un problema de privacidad sin precedentes. Cuando los sitios web intentan verificar que una solicitud proviene de un humano legítimo o de un bot autorizado, las soluciones tradicionales —inicios de sesión forzados y rastreo invasivo— comprometen la confianza del usuario.
Identificación a través del navegador
Básicamente, los tokens de control de acceso privado están diseñados para permitir que los sitios que tienen un sólido conocimiento de la «identidad humana» emitan tokens anónimos. El navegador del usuario puede entonces proporcionar estos tokens a otros sitios para demostrar que hay un humano detrás. Y como aseguran sus autores: PACT permite que todo esto suceda sin ningún tipo de rastreo ni posibilidad de que los sitios identifiquen al usuario o su historial de navegación. Para ello aprovecha información confiable de contextos que tienen relaciones auténticas con las personas, manteniendo al mismo tiempo dicha información privada. Una característica que “proporciona a las empresas garantías de alta integridad sobre sus audiencias con una fricción mínima”, concluyen.






