Seguridad por encima de todo

Todos los usuarios de ordenadores hemos sufrido en algún momento los problemas derivados por la falta de seguridad. Se puede tratar de un simple virus o de las consecuencias indeseables de alguna transacción económica en la Red.

Publicado el 13 Dic 2001

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Aunque habitualmente pensamos que a nosotros no nos va a tocar, lo cierto es que en cualquier momento un virus nos puede infectar el ordenador. Hemos de ser muy cuidadosos con el antivirus que elegimos. La cuestión del precio debe ser casi secundaria. Es mejor pagar un poco más por un producto que nos ofrezca mayor garantía y seguridad, aunque no siempre ocurre así. Hay antivirus baratos y muy buenos.

El cortafuegos (firewall) es otro elemento importante para nuestra seguridad. Teóricamente permite evitar que entren intrusos en nuestro sistema y se hagan con la información que existe en el ordenador. Sin embargo no es infalible.

Si consultamos en Internet podemos encontrar fácilmente páginas que informan sobre brechas o puertas traseras a nivel de sistema operativo, bases de datos o aplicaciones.

Por otro lado, la mitad de las empresas se han visto afectadas por virus. Esta situación se agrava ante la evidencia de que cualquier firma que se precie debe estar en Internet y ha de utilizar las herramientas informáticas que la tecnología pone a su alcance. El correo electrónico resulta esencial, a pesar de los riesgos que supone. Por eso hay que ser cuidadosos cuando recibimos mensajes; sobre todo si no conocemos a la persona o entidad que nos los remite.

Los virus que habitualmente nos atacan lo hacen de forma indiscriminada. Puede venir de cualquier lugar y en cualquier momento. Eso es lo que ha ocurrido en los últimos meses cuando hemos sufrido algunos sin mayor trascendencia y otros que han causado grandes trastornos e importantes pérdidas económicas. Entre estos últimos podemos destacar Sircam y Código Rojo. El primero hizo y sigue haciendo estragos en los ordenadores. El segundo se dedicó a atacar las páginas web y tuvo en jaque a la Casa Blanca y el Pentágono; claro que esto no es extraño porque lo primero que hace un escritor de virus es atacar a estas dos instituciones. Es como un deporte nacional.

De todas formas, parte de la culpa de que los virus actúen es de los propios usuarios que, en ocasiones, no tomamos las precauciones adecuadas y no respetamos la regla de oro de la seguridad no abrir nunca un archivo ejecutable de un correo electrónico si no tenemos la certeza de su procedencia.

Una vez que el virus está en nuestro ordenador debemos recurrir a los expertos y ahí es donde entran en juego las firmas antivirus, muchas de las cuales ponen los antídotos en sus páginas web o los facilitan directamente a sus usuarios.
Si queremos que Internet se desarrolle debemos hacer que su aspecto comercial aumente, pero para que se produzca ese crecimiento es imprescindible que garanticemos la seguridad de las transacciones que se producen en la Red. No podemos pedirle a alguien que compre online si esa persona no tiene la garantía de que los datos que facilite van a tener un buen uso. El miedo es libre y el temor a que otros puedan comprar con nuestra tarjeta existe. No hay que olvidar que cuando se producen situaciones irregulares, enseguida tienen su reflejo en los medios de comunicación, lo que no ocurre cuando se desarrollan operaciones sin incidencias, que es en la inmensa mayoría de las ocasiones.

Pero la seguridad del comprador también debe ir acompañada de otras garantías como la propia seguridad de la empresa, no tanto por la aparición de virus como por la necesidad de garantizar la confidencialidad de la información de la propia firma. En estas ocasiones, la empresa se ve en la necesidad de vigilar a sus empleados para evitar fugas de información. Eso es lo que ocurrió, por ejemplo, a principios de año cuando se supo que una compañía estadounidense consiguió descubrir que uno de sus trabajadores estaba filtrando información confidencial de la firma a empresas de la competencia. Se logró descubrir gracias a una investigación después de una serie de conductas sospechosas del empleado, que mandaba todos los días, a las cinco de la madrugada, una foto de algún miembro de su familia o de su perro. El mensaje se enviaba automáticamente fuera del horario laboral, lo que unido a que el trabajador que enviaba los correos no recibía nunca respuesta, a pesar de escribir siempre a la misma dirección, levantó las sospechas de los responsables de seguridad. Tras una laboriosa investigación se pudo saber que el trabajador infiel estaba facilitando información dentro de las fotos que adjuntaba en el correo electrónico. Lo hacía de forma sencilla utilizando una técnica llamada esteganografía, en la cual se pueden esconder los unos y los ceros de textos o imágenes en los unos y ceros que componen los píxeles de las fotografías.

Situaciones como esta demuestran que es prácticamente imposible garantizar la seguridad informática, tanto ante la aparición de virus procedentes de Internet como ante la presencia de empleados infieles.
Pero no todo son virus, porque hay otros aspectos de la seguridad que preocupan al usuario. Uno de ellos es el derecho a la intimidad y el uso del correo electrónico. Durante los últimos meses hemos asistido a una importante controversia sobre este uso.

Es un asunto que está en fase de legislación y provoca gran discusión en Europa, donde las diferentes legislaciones pueden llegar a ser contradictorias. En España el Partido Popular se ha manifestado a favor del control por parte de las empresas; eso sí, respetando el derecho a la intimidad del trabajador. En Estados Unidos, las empresas están obligadas a informar a sus empleados si espían su correo electrónico.

Mientras se produce este debate, no debemos olvidar que el uso indiscriminado e inconsciente de esta herramienta puede suponer un peligro para la empresa. Volvemos al problema de los virus que se pueden instalar en los ordenadores centrales de cualquier gran empresa por la inconsciencia de algún trabajador, aunque cada vez son mayores los medios que existen para evitar que entren virus.

En Estados Unidos se calcula que casi el 50 por ciento de las empresas tiene instalados sistema de control para vigilar el correo electrónico de sus empleados. El argumento para defender esa decisión es evitar el espionaje industrial por parte de un trabajador desleal.

No sólo las empresas quieren conocer el uso que hacen sus empleados del correo electrónico. Los gobiernos también quieren saber qué se hace en Internet. Eso es lo que ha puesto de manifiesto un reciente estudio publicado por Reporteros Sin Fronteras y por Transfer.net.

El estudio se titula Los enemigos de Internet, y analiza el estado de censura de la Red en 58 países, entre los que se encuentran los más autoritarios y que son, a su vez, los que más férreo control ejercen sobre los contenidos.

El estudio también se refiere a los métodos utilizados por los países occidentales para controlar ciertas actividades en la Red. Todos ellos respetan, más o menos, el derecho a la información aunque siempre intentarán influir en las personas y organizaciones que colocan sus contenidos en Internet.

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Redacción RedesTelecom

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