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Día de Internet: del aislamiento a la conexión ubicua e inteligente



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Las comunicaciones han marcado la evolución de la red de redes desde su nacimiento hasta un presente hiperconectado en el que la IA está definiendo la hoja de ruta. Con el desafío de la ciberseguridad y los derechos digitales, el avance hacia infraestructuras autónomas sigue su curso con la cuántica trabajando a la par

Publicado el 18 may 2026

Cristina Albarrán

Directora de Redes&Telecom



Día de Internet: del aislamiento a la conexión ubicua y autónoma
Día de Internet: del aislamiento a la conexión ubicua y autónoma

Cada 17 de mayo, de hace ya 20 años, se celebra mundialmente el Día de Internet. Actualmente este avance está muy presente en nuestro día a día, pero cuando la red de redes hizo su aparición en España la situación era muy distinta ya que las redes de datos existentes apenas podían comunicarse entre sí, tal y como recuerda Miguel Ángel Sanz, International Telecom Sales Director en Satec. De hecho, los ingenieros de la época describían ese escenario como una auténtica “torre de Babel de las redes”. Cada sistema utilizaba tecnologías diferentes y la interoperabilidad entre ellos era limitada. El cambio llegó con la adopción de protocolos abiertos como TCP/IP, que permitieron que redes distintas pudieran intercambiar información y sentaron las bases de Internet tal y como lo conocemos hoy.

Primeros años en España: desarrollo científico y académico

En este sentido, en la década de los 80 la presencia de ordenadores se generalizó en todos los ámbitos tanto académicos como empresariales pero la mayoría de esos equipos estaban aislados. Los pocos que empezaban a estar conectados en red, sólo podían comunicarse con los que “hablaban” su mismo lenguaje (los llamados protocolos de comunicaciones). Surgieron así distintas redes en paralelo, usando distintos protocolos, algunos propietarios de fabricantes como IBM o Digital y otros abiertos como TCP/IP, que acabaron imponiéndose como estándar de facto y dando lugar a Internet, detalla Sanz.

Pero Internet progresó y fue tomando forma. Se produjeron hitos como el envío de un primer correo electrónico desde la Escuela de Telecomunicación de Universidad Politécnica de Madrid. Aunque estos desarrollos se dieron en el ámbito académico, universitario y científico. Las empresas tecnológicas estuvieron involucradas desde el principio, ayudando a las universidades en el establecimiento de estas primeras redes, junto con fabricantes pioneros como Convex, Cisco Systems o Sun Microsistems, comenta el directivo.

“Una de estas primeras empresas fue el precursor de Satec, Convex, que participó en algunas de las primeras redes IP en Europa, como la red académica portuguesa (RCCN), o, en España, la red académica andaluza (RICA). Combinando las capacidades de supercomputación de Convex con los primeros equipos de enrutamiento de Cisco, se desarrollaron estas infraestructuras pioneras no sólo a nivel nacional sino europeo”, aclara.

A finales de los 80, Convex fue la primera empresa que empezó a trabajar en este ámbito, y de ahí surgió Satec como empresa de ingeniería de telecomunicaciones. Se crearon redes académicas regionales y nacionales, y posteriormente, con la liberalización de las telecomunicaciones a finales de los 90, estuvo detrás del diseño, implantación, operación y gestión de las redes IP y servicios de Internet de muchos de los primeros operadores en España, como Retevisión, BT, Uni2, Comunitel o la Red Internacional de Telefónica (TIWS).

Evolución hacia las redes autónomas

El desarrollo de Internet ha evolucionado entre fuerzas centrífugas y centrípetas, sostiene Miguel Ángel Sanz. En las primeras redes, dominaban los grandes ordenadores centrales, a los que los usuarios se conectaban mediante terminales simples. Después, la capacidad de cómputo pasó a los equipos conectados, mientras la red era más simple. Más adelante, se fueron incorporado capacidades de cómputo en la red con la cloud, y se han conectado todo tipo de dispositivos con la Internet de las cosas. “La tendencia es continuar con esta capacidad de los protocolos TCP/IP de funcionar sobre cualquier tecnología de transmisión y soportar cualquier aplicación de forma flexible”, afirma.

De hecho, según su opinión: “Vamos hacia una red totalmente ubicua, gracias a la combinación de fibra, redes móviles y redes satelitales con constelaciones de órbita baja, media y alta. Esto permitirá conectividad global a alta velocidad y baja latencia”.

Aunque no será el único cambio. El directivo apunta a una evolución hacia modelos híbridos entre cloud y edge computing, acercando el cómputo al borde la red. Esto facilitará aplicaciones que requieren muy baja latencia, como la conducción autónoma o el control de drones, “además de otras que aún no podemos imaginar”

En paralelo, las redes se virtualizan y se programan, la gestión de las redes y de los servicios de red evoluciona hacia modelos más autónomos, gracias a la observabilidad avanzada, la analítica de datos y la inteligencia artificial, permitiendo de manera creciente automatizar las redes para y que, en un futuro cada vez más cercano, se auto – gestionen, auto – diagnostiquen y auto -reparen. Es decir, las famosas redes autónomas. Pero, ojo, con su doble vertiente: IA para las redes y redes para la IA, porque, no nos olvidemos, las infraestructuras deben prepararse para responder a esas demandas de ancho de banda, patrones de uso y latencia que estas inteligencias virtuales exigen para funcionar.

Dos velocidades

Visto lo visto, la evolución de Internet ha sido extraordinaria. Sin embargo, todavía hay un tercio de la población mundial que no disfruta de esta conexión. Según el último informe de la ITU, la población mundial en línea aumentó en más de 240 millones de personas en 2025. Estas estimaciones confirman los continuos progresos en la expansión de la conectividad digital, pero a la vez señalan diferencias de calidad que repercuten en cómo los usuarios se benefician del uso de Internet. En el documento, subrayan la importancia de la infraestructura digital, los servicios asequibles y la formación en competencias para garantizar que todo el mundo pueda beneficiarse realmente del avance de tecnologías como la IA.

Así, mientras unas partes del planeta apenas pueden conectarse, otras luchan en dos campos de batalla: la ciberseguridad y los derechos digitales. La búsqueda de la confidencialidad y la privacidad de los datos que circulan por este sistema nervioso está en el epicentro del debate. Una discusión que está cobrando cada vez más protagonismo con la soberanía digital europea y nacional como bandera. En este contexto, se persigue fortalecer la infraestructura digital con leyes, aunque esta medida está causando cierto recelo en tanto en cuanto está mermando la capacidad de inversión de las empresas de telecomunicaciones en el viejo continente.

Sea como fuera, la popularización de la IoT con los riegos de seguridad que conlleva, el acceso prematuro a Internet por parte de menores y la incursión imparable de la inteligencia artificial que está al alcance de todos, están moldeando la definición de derechos como la protección de datos, la libertad de expresión y acceso a la información, la digitalización de la sociedad y la polémica neutralidad de la red.

La cuántica en el horizonte

Pero mientras se camina hacia esas redes autónomas, se trabaja en llevar la conexión a todo el mundo y se legisla y se protege el uso de Internet, en el terreno investigador se mueven por otros derroteros con la configuración de la Internet cuántica, esa nueva red de redes que permitirá comunicar los ordenadores cuánticos y que desafiará la física.

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